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lunes, 9 de mayo de 2016

EL REGAZO DE LOS HUÉRFANOS


EL REGAZO DE LOS HUÉRFANOS
Hace unos días me encontré en Facebook con esta sobrecogedora fotografía. Una niña de un orfanato iraní había pintado un dibujo de su mamá, se había descalzado y se había acurrucado en su regazo hasta quedar dormida. Lloré. Pedí a mi compañera Paloma que investigara sobre la autenticidad de la foto, quizá esperando para mi alivio que no fuera real. Y no lo era. En realidad es una composición de un joven fotógrafo iraní, Bahareh Bisheh, quien por cierto ha escrito una carta contra el mal uso de su fotografía que se ha hecho tanto en las redes sociales como en los medios de comunicación.
“Nada es lo que parece”, “No te fíes de las redes sociales”, “Cura la información que recibes”…  podrían haber sido los títulos de este post… a punto han estado de serlo. Pero algo seguía quemándome por dentro. Cierto que esta fotografía es una composición, pero no es menos cierto que no estando su valor en su autenticidad sí lo está en su capacidad de contarnos un drama que tiene poco de falso y que asola la integridad de miles de niños en todo el mundo. La falta de amor, por no hablar de la falta de lo básico, provoca marcas irreversibles en sus corazones. Mi  hijo, cuya afectividad está afortunadamente a flor de piel, me preguntó hace unos días, mientras me acariciaba y se dejaba vencer por el sueño sobre mi regazo, por qué los niños que no tienen cariño no crecen bien. Igual que tu cuerpo necesita comer para crecer y estar fuerte, tu corazón necesita amor para crecer y estar fuerte, le dije como pude.
Ningún niño debería crecer sin un regazo en el que cobijarse. Un regazo de tiza pintado en el suelo nos debe recordar el drama de esos niños que necesitan el calor de un abrazo y no tienen quién se lo dé.

@victoriamsegura

domingo, 17 de mayo de 2015

CONFIANZA Y RESPONSABILIDAD



 Marcos 16, 15-20         
Al evangelio original de Marcos se le añadió en algún momento un apéndice donde se recoge este mandato final de Jesús: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación». El Evangelio no ha de quedar en el interior del pequeño grupo de sus discípulos. Han de salir y desplazarse para alcanzar al «mundo entero» y llevar la Buena Noticia a todas las gentes, a «toda la creación».
Sin duda, estas palabras eran escuchadas con entusiasmo cuando los cristianos estaban en plena expansión y sus comunidades se multiplicaban por todo el Imperio, pero ¿cómo escucharlas hoy cuando nos vemos impotentes para retener a quienes abandonan nuestras iglesias porque no sienten ya necesidad de nuestra religión?
Lo primero es vivir desde la confianza absoluta en la acción de Dios. Nos lo ha enseñado Jesús. Dios sigue trabajando con amor infinito el corazón y la conciencia de todos sus hijos e hijas, aunque nosotros los consideremos «ovejas perdidas». Dios no está bloqueado por ninguna crisis.
No está esperando a que desde la Iglesia pongamos en marcha nuestros planes de restauración o nuestros proyectos de innovación. Él sigue actuando en la Iglesia y fuera de la Iglesia. Nadie vive abandonado por Dios, aunque no haya oído nunca hablar del Evangelio de Jesús.
Pero todo esto no nos dispensa de nuestra responsabilidad. Hemos de empezar a hacernos nuevas preguntas: ¿Por qué caminos anda buscando Dios a las personas de la cultura moderna? ¿Cómo quiere hacer presente al ser humano de nuestros días la Buena Noticia de Jesús?
Hemos de preguntarnos todavía algo más: ¿Qué llamadas nos está haciendo Dios para transformar nuestra forma tradicional de pensar, expresar, celebrar y encarnar la fe cristiana de manera que propiciemos la acción de Dios en el interior de la cultura moderna? ¿No corremos el riesgo de convertirnos, con nuestra inercia e inmovilismo, en freno y obstáculo cultural para que el Evangelio se encarne en la sociedad contemporánea?
Nadie sabe cómo será la fe cristiana en el mundo nuevo que está emergiendo, pero, difícilmente será «clonación» del pasado. El Evangelio tiene fuerza para inaugurar un cristianismo nuevo.
¿No sería más razonable entender y vivir la experiencia religiosa como la entendió y la vivió el Jesús? ¿No sería más lógico vivir la fe en Jesús como fe en la bondad, en el respeto, en la tolerancia, en la ayuda de todos para todos, sean cuales sean las formas concretas de creencias y prácticas religiosas que cada pueblo y cada cultura viven en concreto? He aquí una de las cuestiones más serias que nos plantea la fiesta de la Ascensión del Señor."